Acercándonos al Feng Shui… LA LIMPIEZA DEL ESPACIO

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Muchos de vosotros me pedís que os explique en pocas palabras que es el Feng Shui, “Es algo chino, ¿verdad?… Pero ¿en qué consiste exactamente?…”, me decís y si, su origen es de China y podría daros una definición exacta de lo que es, pero no creo que sea eso lo que realmente necesitáis saber del Feng Shui, prefiero que vuestra idea de lo que es el Feng Shui no se quede solo en eso, en una definición…

El Feng Shui es dar un paso más a la hora de percibir los espacios en los que convivimos, en los que trabajamos tratando de ver más allá de lo simplemente aparente, tratando de ver más allá de las simples paredes o de los muebles o de la decoración que se haya elegido para el lugar.

No se trata solamente de poner un objeto determinado en un lugar concreto o de cambiar ese objeto de sitio, se trata de mucho más, se trata de llegar a entender que el ser humano es energía, que los espacios en los que convivimos, en los que trabajamos son energía también, que todo lo que nos rodea es energía y que toda esa energía convive a lo largo del tiempo en un mismo espacio, en un mismo lugar.

No se busca solo decorar un espacio sino aprender a cuidar y a saber manejar y tratar la energía del lugar.

Vivimos y trabajamos rodeados de esa energía, por tanto, nuestra salud y nuestro bienestar se encuentran en contacto directo y continuo con dicha energía.

Siempre les digo en la primera visita a nuestros clientes que tienen que aprender a leer entre líneas de su propio estudio de Feng Shui.

En la vida nada es lo que parece y siempre deberíamos tratar de buscar el sentido de las cosas más allá de su simple apariencia.

Pues con el Feng Shui sucede lo mismo… no se trata de leer un texto y seguir únicamente sus indicaciones sino que para lograr que el Feng Shui actué de una manera plena en nuestra vida hay que aprender a leer entre sus líneas, aprender a llegar al trasfondo.

Se trata de integrar ese estudio de Feng Shui en nuestra propia vida.

Lo primero que siempre recomiendo al empezar un estudio de Feng Shui es realizar la limpieza del espacio.

Una limpieza física del espacio, tirar todo aquello que no sirva para dar así cabida a cosas nuevas.

Un espacio abarrotado de cosas viejas, de cosas que no utilizamos o de cosas estropeadas producen un estancamiento de energía en los espacios y difícilmente pueden llegar cosas nuevas si no hay espacio para ellas.

Y ahora os invito a reflexionar ¿Qué podéis sentir que puede haber detrás de estas líneas? De alguna forma también quizás el Feng Shui ¿os pueda estar pidiendo que limpiéis en vosotros viejas actitudes, viejas conductas que ya no sirven, que ya no valen, que ya no tienen cabida en vuestra propia realidad para dar paso a una nueva realidad, a una nueva versión de vosotros mismos?

En nuestra sociedad, le damos mucha importancia a la limpieza física de los espacios, al polvo, a todo aquello que físicamente podemos ver a simple vista que necesita ser limpiado, pero sin embargo nos olvidamos de realizar la limpieza energética del lugar.

En nuestros estudios de Feng Shui, y siempre teniendo en cuenta la vivienda o el espacio a tratar, recomendamos una limpieza energética determinada que garantice un resultado óptimo. Hay muchos tipos de limpieza energética, ya muchas de nuestras abuelas con sal las hacían en sus hogares, también hay limpiezas que utilizan incienso o hierbas y esencias… y que hoy día por internet, están al alcance de todos.

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Las energías de los que vivieron o habitaron ese lugar están ahí, aunque no las veamos, impresas en el ambiente, flotando en nuestras realidades.

Quizás, poco a poco nos vamos acostumbrando a sentir y percibir que detrás de la simple apariencia de las cosas hay energías que hacen aumentar nuestra vibración o también pueden hacerla disminuir.

Toda esa energía dejada por otras personas convive en nuestros espacios con nosotros, con nuestros trabajadores, con nuestra familia… quizás la reflexión seria el pensar si no sería mejor convivir en un espacio de energía limpia y renovada.

Y ahora vuelvo a recordaros ¿Qué podríais leer o interpretar de estos párrafos? Quizás el Feng Shui nos este invitando también a realizar una limpieza energética en nosotros mismos.

El estrés del día a día nos puede llevar muchas veces a no darnos cuenta de cómo poco a poco perdemos nuestro centro, nuestro equilibrio y eso no es bueno.

Buscar ese momento de paz, de silencio, de estar con uno mismo debería ser algo esencial y puede ser que poder buscar ese rato de reencuentro con uno mismo sea lo que el Feng Shui os este pidiendo a través de esas líneas.

Siempre pido que se piense en el Feng Shui como ese aliado que da pistas, señales, que nos pone interruptores entre sus líneas para que de alguna manera actuemos en nuestras propias vidas. 

El Feng Shui pide un cambio de enfoque, de actitud en los espacios, en los lugares donde se desarrolla nuestra vida, nuestro trabajo y por ende pide un cambio de enfoque en nosotros mismos.

Desde aquí os invitamos a limpiar, a revisar todo aquello que ya no vale, que ya no va con vosotros… quizás si dejáis espacio libre pueda ser que cosas nuevas lleguen a vuestras vidas.

Y hasta aquí las reflexiones del día de hoy.

Esperamos os sirvan para pensar, para reflexionar y para que también vosotros intentéis ir un poco más allá en vuestras costumbres, en vuestras vidas.

Un millón de besos!!!

Érase una vez…La Fábula de la Estrella y la Luciérnaga

 

 

Fábula estrella y luciernagaBuenos días a todos!!!

Esta semana queríamos compartir con vosotros este precioso cuento popular de Tailandia.

Esperamos que os guste tanto como a nosotros.

Y comienza así..

“En un bosque de la exótica Tailandia vivía una numerosa familia de luciérnagas. Su casa era el tronco de un enorme árbol lampati, el más viejo de todo el país.

Por la noche las luciérnagas salían del árbol para iluminar la noche con su tenue luz, parecían pequeñas estrellas danzantes. Jugaban entre ellas y creaban figuras en el aire, los pocos que podían ver ese espectáculo por algún casual quedaban anonadados ante tal despliegue de belleza y luces.

Pero no todas las luciérnagas estaban contentas, una de ellas, la más pequeña, se negaba a salir del lampati para volar. Se quería quedar en casa día tras día y pese a que toda su familia la intentaba convencer, ella no quería le dijesen lo que dijesen.

 Toda su familia la miraba preocupada, sobre todo sus padres:

- ¿Por qué nuestra hija no vuela con nosotros? Me gustaría que volara con nosotros y no se quedara en casa – decía su madre.

- Tranquila, mujer. Verás como dentro de poco se le pasa y volará con nosotros – la calmaba su padre.

Pero pasaron los días y la pequeña luciérnaga seguía sin querer salir del árbol lampati. Una noche, con todas las luciérnagas poblando el cielo nocturno del bosque, su abuela se quedó en el árbol para razonar con ella. Con su delicada voz le dijo a su nieta:

- ¿Qué te pasa, mi niña? Nos tienes preocupados a todos, ¿Por qué no sales con nosotros por la noche a divertirte volando?

- No me gusta volar – respondió tajante la pequeña

- Somos luciérnagas, es lo que hacemos mejor. ¿No quieres volar mostrando tu luz e iluminando la noche? – le insistió la abuela.

- La verdad es que… Lo que me pasa es que… – comenzó a explicar la pequeña – Tengo vergüenza. No tiene sentido que ilumine nada si la luna ya lo hace. No me podré comparar nunca a ella, soy una chispa diminuta a su lado.

Su abuela la miraba con ojos enternecidos escuchándola atentamente, cuando su nieta hubo acabado la consoló con una sonrisa que la tranquilizo:

- Niña mía, si salieras con nosotros verías algo que te sorprendería. Hay cosas de la luna que aún no sabes…

- ¿Qué es lo que no sé de la luna que todos sabéis? – preguntó la luciérnaga pequeña con curiosidad.

- Pues que la luna no siempre brilla de la misma forma. Depende de la noche brilla entera o la mitad. Incluso hay días que solo brilla una pequeña parte o se esconde y nos deja todo el trabajo a nosotras las luciérnagas.

- ¿De veras? ¿Hay días que no sale? – preguntó la pequeña con la boca abierta por la sorpresa.

- Te lo prometo querida nieta – le siguió explicando -. La luna cambia con frecuencia.

- ¡Te lo prometo querida nieta! —continuó explicando la abuela—. La luna cambia constantemente. Hay veces que crece y otras que se hace pequeña. Hay noches en que es enorme, de color rojo, y otros días en que se hace invisible y desaparece entre las sombras o detrás de las nubes. En cambio, tú, pequeña luciérnaga, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.

Y esa misma noche, la pequeña luciérnaga salió convencida del lampati con toda su familia a iluminar la noche mientras miraba la luna con una sonrisa de oreja a oreja.”

Cada uno de nosotros poseemos una luz maravillosa, capaz de brillar hasta en los días más grises…

Iluminar cada día con una sonrisa, con un pequeño gesto de gratitud es mostrar al mundo esa luz que poseemos en nuestro interior…

Un millón de besos!!!