La Leyenda del Buda Sonriente

HOTEI

Buenos días a todos!!!

Hoy queremos compartir con vosotros un poquito más sobre la historia y el significado del famoso “Buda sonriente” O “Buda feliz”, nombres por los cuales esta figurita es conocida en el mundo occidental.

En Japón esa figura es conocida como Hotei (布袋 – “el fardo de tela”), deidad de la felicidad y abundancia, y es uno de los personajes más populares de Netsuke – esculturas en miniatura -la artesanía japonesa.

En China a Hotei se le conoce como Mi Le Fo – “amoroso” o “amistoso”, o como Bu-Dai y muy probablemente sea el sonido, tan similar entre Bu-Dai y Buda, lo que provoca en un principio la confusión de creer que Hotei representa la figura de Buda. Siddhartha Gautama, el Buda, era delgado, atlético y se mantenía en un óptimo estado físico, mental y espiritual. No debe confundírsele con el Buda sonriente.

Bu-Dai, fue un monje budista de la época de la dinastía Liang. Históricamente no existe confirmación del personaje en lo referente a la época exacta de su vida, pero sí de sus obras.

Realmente hay muchas figuras representativas del famoso “Buda sonriente”, en este blog queremos contaros algunas de las historias que realmente nos han resultado curiosas y entrañables…esperamos que os gusten.

A veces nos podemos encontrar a este famoso Buda gordito sentado sobre una bolsa (que contiene tesoros), en su mano izquierda sostiene una pieza de oro con forma de barco o, a veces, un mala (rosario) y en la mano derecha, a veces, sostiene un abanico llamado oogi, el oogi es un objeto mágico que según la tradición puede cumplir deseos. El abanico, tiene su origen en las disposiciones del emperador, que concedía las peticiones del pueblo utilizando el oogi.

         BUDAS

Otras veces lo podemos ver representado rodeado de niños.

 Buda y niños

También nos podemos encontrar con una figura que siempre aparece cargando un fardo a sus espaldas. En otras aparece con las manos hacia lo alto. Este es Hotei, aparece siempre riendo, de ahí que muchos lo llamen el “Buda sonriente”. Hotei es una de las siete divinidades japonesas de la suerte.

Cuentan que fue un monje vagabundo que vivió a mediados del siglo x y de quién se dice alcanzó la iluminación debajo de un puente un día de tormenta y de lluvia, tras oír retumbar un trueno.
Este monje, no estaba interesado en reunir discípulos a su alrededor o ser reconocido como un gran maestro. En lugar de predicar en el templo como era la usanza, recorría las calles con un gran saco a sus espaldas, en el cual llevaba regalos para los niños, tales como frutas, caramelos, etc. No era extraño que los pequeños se reunieran en torno a él. Según cuentan era capaz de organizar una auténtica guardería callejera.

La peculiar prédica de Hotei era…la risa. En mitad de los mercados comenzaba a reír y reír. Su risa era mágica y contagiosa, de esas risas verdaderas, sinceras y auténticas. Su gran barriga se estremecía y saltaba con las carcajadas. Caía rodando por el suelo, contagiando a todos a su alrededor con su jovial humor. Todos reían, llegando la onda expansiva de la risa del monje a cada uno de los habitantes del poblado. Todas las aldeas esperaban ansiosas la visita de Hotei, para ser bendecidos por su risa, portador de bienestar y prosperidad. Esa era la prédica de Hotei.

Si le preguntaban por Buda, reía. Si le preguntaban por la verdad, la iluminación y el conocimiento, él reía, siempre reía. La risa era su mensaje.

Cuando alguien le preguntaba por el contenido de su saco, él contestaba: El mundo entero.

Hay una leyenda que cuenta que siendo ya un anciano, Hotei se sentó a predicar en un templo y afirmó: “Bien queridos hombres. Ustedes nunca me han reconocido pero yo soy el Buda Maitreya (el futuro Buda, sucesor de Buda Sakyamuni-fundador del Budismo).

Existe otra leyenda que cuenta que a finales del siglo X, en China, vivía un monje nómada llamado Tze-Tzi. Era bajito y gordito, de carácter benevolente, siempre iba acompañado de un fardo grande de lino y un rosario de madera. Según la mitología china, el alma se cobija en la panza, por consiguiente, los campesinos consideraban la gran barriga del monje una alegoría de su gran corazón. Además la leyenda dice que el fardo del monje era una especie de cornucopia que nunca  se vaciaba y allí por donde iba el monje la gente se volvía sana y alegre. Cuando algunos curioseaban qué lleva en el saco, el monje decía  sonriendo que lleva a “todo el mundo” sobre sus espaldas. 

Su mensaje era amor, risa y felicidad.

Otro dato curioso, se dice que cuando un bar cuenta con una representación de Hotei y algún cliente come o bebe en exceso, las personas suelen atribuirlo a la íntima influencia de Hotei.

Y ahora yo os pregunto, ¿recordáis si hay en la cultura occidental alguna figura gordita con un fardo a la espalda y siempre sonriente?…Creo que podéis saber de quién hablo… estoy hablando de Papá Noel y ¿por qué no? Estaréis de acuerdo conmigo que su imagen también es la de la felicidad, ¿a que si?

A partir de ahora y siempre que se cruce en vuestro camino un Hotei o “Buda Feliz” fijaros en su expresión y en la felicidad que son capaces de transmitir.

Feliz semana a todos!!!

El Anillo del Maestro

IMAGEN DE UN MAESTRO Y SU DISCIPULO

Buenos días a todos!!!

Nuevo año, nuevas ilusiones y montones de expectativas por cumplir…

Esta semana queríamos dedicar estas líneas a contaros un antiguo cuento zen…creemos que siempre viene bien poder encontrar algo que pueda hacernos reflexionar y darnos cuenta de lo verdaderamente importante que tenemos en la vida…esperamos que os guste.

Erase una vez un joven que buscando consejo se acercó a un maestro y le dijo…

“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…
El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda”.

Así termina este cuento…esperamos que os haya gustado y os sirva para recordar aunque sólo sea por un breve espacio de tiempo a todas esas personas especiales que están en nuestras vidas, familiares y amigos, que nos aprecian y nos quieren…a esas personas que con una simple mirada o gesto suyo consiguen hacernos sentir como ese anillo…una joya, única y valiosa…

Feliz semana para todos.

Un millón de besos!!!